

A medida que va soltado su propia grasa, ponemos una tapa en la sartén y escurrimos toda la que tenga. Volvemos a ponerlo en el fuego, y así lentamente, los vamos desgrasando:
Cuando estén dorados y crujientes, sacarlos a un papel absorbente para que chupen la grasa. Tomarlos calientes.
Os recomiendo esta receta porque es sencilla, vistosa y rica. La trajo a casa por primera vez, mi hija y merece la pena que os pongáis con ella, pues os va a gustar.
INGREDIENTES PARA EL FLAN DE QUESO: (Con estas cantidades salen 9 moldes de tamaño pequeño.
2 sobres de cuajada royal
1 tarrina de queso de filadelphia de 200 gr.
100 gr. de queso manchego curado
400 cc. de nata
200 gr. de azúcar
250 cc. de leche entera
Azúcar para caramelizar los moldes
Un trozo de membrillo
INGREDIENTES PARA EL COULIS DE ALBARICOQUE:
12 Albaricoques maduros
Azúcar
El zumo de 1 limón
MODO DE HACERLO:
Empezaremos por preparar el coulis, para lo cual pelamos los albaricoques, les retiramos el hueso y los pesamos. Si pesan 500 gr. tendremos que utilizar 400 gr. de azúcar (es decir un poco menos del peso de la fruta, porque si ponemos la misma cantidad de azúcar que de fruta, queda demasiado dulce). Cortamos los albaricoques en trozos y los ponemos en una cazuela de fondo grueso; añadimos el azúcar y el zumo de limón, y los dejaremos cocer despacio, hasta que se forme una mermelada. Triturar y dejar enfriar.
Caramelizar unas flaneras individuales y dejar que se enfrié el caramelo.
En una cazuela de fondo grueso poner la nata, los dos sobres de cuajada, el queso de filadelphia, el azúcar, la leche, y el queso curado que previamente habremos rallado. Acercar al fuego y dejar que hierva despacio al tiempo que lo movemos con unas varillas para que vayan deshaciéndose e incorporándose bien todos los ingredientes. Cuando comience a espesar y los ingredientes estén texturizados, ir rellenando los moldes con la mezcla. Dejar enfriar y que terminen de cuajarse.
Cortar el membrillo en láminas finas, lo podéis hacer con un cuchillo bien afilado o con un cortador de este tipo:
Una vez que lo tengáis en láminas, con la ayuda de un cortapastas del diámetro de las flaneras ir formando aros de membrillo:
Colocar los aros sobre las flaneras:
MODO DE HACERLO:
Tostar en el horno o en una sartén a fuego bajo las semillas de sésamo. Cuando comience a dorarse retirarlas y colocarlas en un molinillo y triturarlas añadiendo al tiempo un poco de agua, según nos lo vaya pidiendo, y un poco de sal. Tener mucho cuidado con el agua, pues deberá quedarnos un puré.
Poner un poco de sal por todo el exterior de la patata (como está húmeda la sal se quedará pegada a la piel. Envolverlas en papel de aluminio:
Introducir en el horno precalentado a 200 grados. Para saber si están hechas, pincharlas con una aguja de brocheta y notaréis si están hechas, si al introducir la aguja, ésta no ofrece resistencia.
Abrir el papel de aluminio y si queréis podéis sacarlas con el papel o bien quitárselo:
Poner en la mesa para el que lo desee, mantequilla y pimienta.
Tenéis que tener cuidado y retirarlo nada mas que comience a hervir, pues hacer excesivamente el bacalao es una barbaridad si tenemos en cuenta que ya está cocido por efecto de la sal. También es muy importante descamarlo bien, pues denota una gran falta de mimo y exquisitez no hacerlo, y además es muy desagradable encontrarse las escamas al degustarlo. Una vez frío, le quitamos la piel y las espinas y lo sepamos en láminas.
Pelar las patatas y cortarlas en rodajas. Pocharlas en aceite con cuidado de que no se doren.
Una vez en su punto, sacarlas a un plato en el que habremos colocado un papel de cocina para que queden con la menor cantidad de aceite posible. Cuando estén bien escurridas, colocar como base de una fuente de horno. Reservar.
Pelar las cebollas y cortarlas en brunoise. Hacer lo mismo con los dientes de ajo y pocharlos en el mismo aceite de las patatas:
Una vez que este todo blandito, escurrir el aceite, e incorporar el bacalao mezclándolo pero con cuidado para que no se deshaga. Añadirle un toque de pimienta y dejarlo al fuego un par de minutos para que se mezclen bien los sabores. Ahora vamos a preparar la bechamel, para lo que pondremos un poco de mantequilla en una sartén y cuando se derrita echar la harina y mezclar bien cocinándolo un ratito para que no sepa a cruda. Separar la sartén del fuego, añadir un poco de la leche en la que hemos escaldado el bacalao, e ir mezclando bien con unas varillas. Una vez bien disuelta la harina en la leche, ponerla en el fuego y hacer hervir lentamente removiendo sin cesar. Ir incorporando el resto de la leche poco a poco. Cocerla durante un buen rato sin dejarla de mover (siempre con las varillas) y de esta forma os quedará una salsa bien fina. Incorporar la nata, la sal la nuez moscada y un poco de pimienta, y cocinar hasta que la salsa este bien homogénea. Dos cosas, la primera, tener cuidado cuando estéis derritiendo la mantequilla, pues se quema enseguida, y la segunda, para hacer una buena bechamel, la cantidad de grasa y de harina deberá ser la misma. Incorporar 2/3 de la bechamel a la mezcla que tenemos de bacalao y cebolla y colocarlo sobre la cama de patatas que tenemos reservada en la fuente de horno. Cubrir con el resto de la bechamel: